Estoy encochinaisísimo, entonces: tumblr.
Los domingos en la tardecita, cada vez que miro desde mi balcón (del noveno piso), veo con tristeza unos 10 o 15 carros estacionados en la pizzería del frente. Esos carros los dejó ahí gente que tiene las manos muy grasientas en este momento. Que están bebiendo 7UP frío con un pitillo en este momento. Que, en este instante en el que escribo esto, están acompañados de alguien, echando cuentos, pasando un buen rato.
Yo no puedo. Desde que tengo uso de razón, los domingos son martirios de “ay dios mío, ahí te viene ese lunes pues”. Domingos de fajarse a rellenar caracteres, a pensarse estructuras, domingos de imprimir trabajos a las 3AM para dormir cuatro horas y comenzar el lunes de mis tormentos.
Con qué gusto rompería la dieta de frente, sentado en las sillitas de madera de La Nacional, mientras me quemo un poquito el paladar con queso mozzarella. Lo mejor es que, en ese momento que construí en mi cabeza, me acompaña ella, y hablamos de la infancia, las fotos y los Snickers. O me acompañan ellos y hablamos de viejas andanzas, rock y rascas legendarias. O se sientan a mi lado ellos y hablamos del periodismo, web 2.0 y el piso diez. O ellos, que son bastantes, y hablamos de cualquier tema posible, de vez en cuando recayendo en la Escuela.
Con qué ganas.